Atacan jueza por desmentir programa Bush de espionaje doméstico

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WASHINGTON — El fallo por parte de la juez federal Anna Diggs Taylor emitido el 17 de agosto, de que George W. Bush no tiene el poder de un “rey hereditario”, y que por ende su interceptación extrajudicial de teléfonos es anticonstitucional, ha encendido una tormenta de fuego en la ultraderecha.

Bill O’Reilly de Fox News, cadena noticiosa de televisión que ha sido denunciado por su inclinación hacia la administración Bush, cuestionó si ella quiere que “Norteamericanos mueran”, implicando que la jueza estaba ayudando a los terroristas.

El grupo conservador Judicial Watch acusó a Taylor de tener un “conflicto de interés” en el caso por haber hecho una contribución modesta a la ACLU.

Pero, la gente común rechazaban a la caza de brujas, elogiando a la valentía de Taylor, la primera juez federal a salir en contra del programa masivo de Bush, de espionaje contra gente inocente, llevado acabo secretamente desde 2002 por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés).

Un sitio de Internet titulado sencillamente “Gracias, Honorable Juez Anna Diggs Taylor”, muestra más de mil mensajes parecidas a la de una residente de Tulsa, Oklahoma, que escribió, “Gracias, honorable juez Diggs, por hacer lo que el Congreso republicano se niega a hacer”, añadiendo que ya llegó la hora de que los votantes “elijan y manden (al Congreso) a ciudadanos norteamericanos patrióticos a levantar para defender a nuestra Constitución”.

Otro comentarista, identificado solamente como “Simón, USA” comentó, “Yo creo que usted es una muy valiente y verdadera patriota por haber defendido los derechos constitucionales del pueblo norteamericano. Esta administración está fuera de control. Cada día se parece más a una dictadura... Están en guerra contra el pueblo norteamericano”.

Al Fishman, un veterano dirigente del movimiento de paz en Detroit, le dijo a Nuestro Mundo, “Los activistas por la paz tienen un gran interés en defender el fallo de la jueza Taylor porque el movimiento de paz es blanco de apisonadora derechista de Bush”.

La meta del espionaje de la administración Bush, él agregó, es el de “silenciar al movimiento de paz, reprimir la disensión en este país”.

Fishman advirtió que si los tribunales federales “no defienden a la jueza Taylor, entonces vamos a tener un problema muy serio en los próximos dos años de la administración Bush.

La única cosa que podemos hacer es cambiar a la Cámara de Representante” en las elecciones del 7 de noviembre.

A la petición de la Casa Blanca, el diario The New York Times escondió por todo un año su artículo revelando al espionaje de la NSA a órdenes de Bush, hasta que Bush consiguió un segundo mandato presidencial. Luego reportaron las revelaciones explosivas en primera plana en diciembre de 2004.

Taylor emitió su fallo histórico en el caso de la ACLU vs NSA. Ella rechazó la petición de la ACLU de que anule a la práctica de la administración Bush de “minar por datos”, pero sobre la cuestión más importante de la vigilancia por la NSS de llamadas internacionales de telefónicas y mensajes electrónicos de ciudadanos norteamericanos inocentes, fue firme que esto viola a la primera y cuarta enmiendas de la Constitución así como la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés) de 1978.

Subrayó ella que por evadir a la FISA, también violó Bush al concepto de “separación de poderes” de la Constitución, visto que ordenó el espionaje ni con el apoyo ni conocimiento de las otras dos ramas gubernamentales — el Congreso y los tribunales.

Taylor rechazó a todo y cada uno de los argumentos de la administración Bush, incluyendo a sus reclamos que el defender el caso “revelaría secretos de Estado”, que el voto del Congreso autorizando a la guerra en Irak le otorgó a Bush la autoridad para conducir espionaje contra el pueblo, o que posee el “poder inherente” de espiar a la gente sin orden judicial.

Los demandantes en el caso, periodistas, abogados y académicos cuyo trabajo incluye la comunicación telefónica y electrónica con gente en el Medio Oriente y otras naciones “han sufrido un daño real y concreto”, por los efectos escalofriantes del espionaje de la NSA, escribió ella.

Nunca fue la intención de los próceres de la patria “otorgar al presidente tanto control ilimitado, particularmente cuando sus acciones desconocen de manera descarada a los parámetros enumerados en la Carta de Derechos”, continuó ella. “Las tres ramas distintas de gobierno fueron desarrollados para limitar y balancear” los poderes de una y la otra.

Ella añadió, “Nuestra Constitución fue escrita por un pueblo que aún guardaba la clara memoria del Rey Jorge III y sus Órdenes Judiciales Generales... En Norteamérica no hay ni reyes hereditarios ni poderes que no son creados por la Constitución”.

Los poderes de Bush, concluyó ella, “se ejercen en su más bajo nivel y no pueden ser sostenidos”. “Los demandantes han prevalecido y el interés público está claro en esta materia. Es él de defender a nuestra Constitución”.

La administración Bush denunció al fallo y presentó una apelación a que a desmentirlo. Reclama Bush que el programa de espionaje es esencial a su “guerra contra el terrorismo”. El 11 de mayo pasado, negó que su administración está “buscando detalles de las vidas de norteamericanos inocentes”.

Sin embargo, reveló el periódico USA Today al mismo momento que las tres empresas telefónicas más grandes estaban interceptando y enviando a la NSA los mensajes telefónicos y electrónicos de decenas de millones de gente inocente, a petición de Bush, en un programa “mucho más amplio que lo que la Casa Blanca había reconocido públicamente”.

Escribió The Washington Post que poco después del ataque terrorista del 11 de septiembre, la NSA comenzó a enviar una ola constante de números de teléfono y direcciones electrónicas al FBI, en busca de terroristas. “La ola muy pronto se hizo una inundación que necesitaba a cientos de agentes para revisar a miles de indicaciones. Pero casi todas, dicen oficiales anteriores y actuales, conducían o a callejones sin salida o a norteamericanos inocentes”.

Muchos andan preguntando si la meta del programa fue en algún momento él de descubrir a terroristas. El senador Robert Byrd (demócrata por Virginia Occidental) lo dijo claro en un discurso al pleno del Senado sobre el programa de espionaje de Bush, pronunciado el 2 de marzo pasado, “En un clima de temor, se han sacrificado una y otra vez las libertades bajo el pretexto de proteger a la nación. El miedo es una herramienta poderosa para la manipulación”.